Mordida abierta: por qué los dientes de delante no llegan a juntarse

Cirugía Ortognática

Hay un detalle que muchos pacientes descubren tarde, casi por casualidad: al cerrar la boca con fuerza, las muelas chocan pero los dientes de delante siguen separados. Queda un hueco por el que se puede pasar la lengua e incluso ver la luz. Y con ese hueco vienen cosas muy cotidianas que se acaban normalizando: no poder morder una pizza sin ayudarse con las manos, cortar el bocadillo con las muelas, sorber la sopa, notar que ciertos sonidos salen con un ligero ceceo o terminar el día con la cara cansada.

Dentist performing procedure on patient with braces, highlighting dental care.

Eso se llama mordida abierta y es una de las alteraciones de la mordida que más se confunden con un problema estético menor. No lo es. Cuando los incisivos no contactan, toda la fuerza de la masticación se concentra en las muelas, la lengua adopta una postura de compensación y la musculatura trabaja de más. En orthofacial, en Bilbao, lo primero que resolvemos no es qué tratamiento hacer, sino de dónde viene: hay mordidas abiertas que se corrigen moviendo dientes y otras en las que el problema está en cómo han crecido los huesos de la cara.

Qué es exactamente una mordida abierta

Se habla de mordida abierta cuando, con la boca cerrada en máxima intercuspidación, un grupo de dientes no llega a tocar con sus antagonistas. Es lo contrario a la sobremordida, donde los dientes superiores tapan demasiado a los inferiores.

Mordida abierta anterior

Es la más frecuente y la más visible. Afecta a incisivos y caninos: el paciente muerde con las muelas y delante queda un espacio abierto. Suele acompañarse de dificultad para cortar alimentos, desgaste acelerado de los molares y, en muchos casos, una cara algo más alargada.

Mordida abierta lateral o posterior

Menos conocida. Aquí el contacto falta en la zona de premolares o molares, en uno o en ambos lados. Se asocia con frecuencia a asimetrías, a erupciones dentarias incompletas o a problemas de la articulación temporomandibular.

Por qué aparece: las causas reales

Entender el origen es lo que decide el tratamiento, porque una mordida abierta dental y una esquelética se parecen mucho en la foto y se corrigen de forma completamente distinta.

  • Hábitos mantenidos en la infancia: succión del dedo o del chupete más allá de los 3-4 años, interposición lingual o deglución atípica. La lengua, empujando entre los incisivos miles de veces al día, impide que terminen de erupcionar.
  • Respiración oral: cuando el niño respira habitualmente por la boca (vegetaciones, alergias, obstrucción nasal), la lengua baja de posición y el crecimiento facial tiende a hacerse vertical.
  • Patrón de crecimiento esquelético: un maxilar que ha crecido de más en vertical o una mandíbula con fuerte rotación posterior producen una mordida abierta de origen óseo, no dental.
  • Alteraciones de la articulación: ciertos procesos de la ATM, como la reabsorción condilar, hacen que la mandíbula rote hacia atrás y la mordida se abra por delante de forma progresiva en la edad adulta. Si además notas bloqueos o chasquidos, conviene revisar los síntomas de una mandíbula bloqueada.
  • Desgaste y sobrecarga: apretar los dientes por la noche desgasta y descompensa los contactos. Si te levantas con la mandíbula cargada, merece la pena descartar bruxismo nocturno antes de plantear nada más.

Señales de que no es solo un tema estético

Una mordida abierta que lleva años instalada deja huella funcional. Estas son las señales que más repiten los pacientes en la primera visita:

  • Necesidad de usar cubiertos o las manos para trocear alimentos que otros muerden directamente.
  • Masticación lenta y cansancio muscular al final de la comida.
  • Desgaste marcado en molares y premolares, que soportan toda la carga.
  • Dificultad con los sonidos /s/, /d/ o /t/, o un ceceo leve que no termina de corregirse en logopedia.
  • Labios que no cierran en reposo y sensación permanente de boca seca.
  • Tensión mandibular, dolor delante del oído o ruidos articulares.

Cómo se estudia una mordida abierta

El diagnóstico no se hace mirando la boca. Hace falta separar el componente dental del esquelético, y eso exige registros objetivos: fotografías faciales e intraorales, escáner intraoral con modelos digitales, radiografía panorámica y telerradiografía lateral con análisis cefalométrico, y en los casos con sospecha ósea o articular, un CBCT.

Con esos datos se responde a tres preguntas: si los incisivos no contactan porque no han erupcionado lo suficiente, si las bases óseas están desproporcionadas en vertical, y si la articulación está estable. También valoramos la vía aérea, porque muchas mordidas abiertas conviven con problemas respiratorios nocturnos: la relación entre la posición de la mandíbula y la apnea del sueño es más estrecha de lo que parece.

Tratamientos para corregir la mordida abierta

1. En niños y adolescentes: interceptar a tiempo

Es la mejor ventana. Eliminando el hábito (chupete, dedo, deglución atípica), tratando la obstrucción nasal y guiando el crecimiento con aparatología, muchas mordidas abiertas se cierran solas o requieren después una ortodoncia sencilla. Cuanto antes se detecta, menos invasivo es todo lo que viene después.

2. Mordida abierta dental en adultos: ortodoncia

Cuando las bases óseas son correctas y el problema está en la posición de los dientes, la ortodoncia puede cerrar la mordida. Hoy se consigue extruyendo el sector anterior o, más habitualmente, intruyendo los molares con microtornillos, lo que rota la mandíbula hacia delante y cierra el hueco. Es eficaz en casos leves y moderados, y exige tratar en paralelo la función lingual: si la lengua sigue empujando, la recidiva está casi garantizada.

3. Mordida abierta esquelética: ortodoncia y cirugía ortognática

Si la desproporción está en los huesos, mover dientes solo camufla el problema y suele reabrirse con los años. La solución estable es reposicionar los maxilares mediante cirugía ortognática mínimamente invasiva, planificada de forma digital para calcular al milímetro cuánto hay que impactar el maxilar o rotar la mandíbula. El resultado no es solo una mordida que contacta: cambia el tercio inferior facial, mejora el sellado labial y, con frecuencia, la respiración.

El proceso habitual combina una fase de ortodoncia previa para alinear las arcadas, la intervención y una fase corta de ajuste final. La duda que más frena a los pacientes no es el quirófano, sino el después; por eso conviene leer con calma cómo es la recuperación de una cirugía ortognática semana a semana antes de decidir.

¿Se puede cerrar una mordida abierta sin cirugía?

A veces sí, y hay que decirlo con honestidad en las dos direcciones. En adultos con discrepancia leve, buen patrón facial y una lengua que se reeduca, la ortodoncia con anclaje esquelético da resultados excelentes. Pero en mordidas abiertas amplias, con exceso vertical del maxilar o falta de sellado labial, forzar el cierre solo con dientes suele traducirse en raíces sobrecargadas, encías retraídas y una recaída a los pocos años. Preferimos explicar esto en la primera visita, con los registros delante, antes que empezar un tratamiento que no va a aguantar.

Cuánto tarda y qué resultado esperar

Un caso dental leve puede resolverse en 12-18 meses de ortodoncia. Un caso esquelético completo, entre 18 y 30 meses contando la fase prequirúrgica y la postquirúrgica. La estabilidad a largo plazo depende de tres cosas: haber tratado la causa correcta, controlar la función lingual y respiratoria, y usar la retención el tiempo indicado.

Si al cerrar la boca notas que los dientes de delante no llegan a tocarse, que masticas siempre con las muelas o que llevas años adaptando la forma de comer sin darle importancia, merece la pena ponerle un diagnóstico. En nuestra clínica de cirugía maxilofacial en Bilbao estudiamos si tu mordida abierta es dental o esquelética y te explicamos, con tus propias imágenes, qué opciones tienes y cuál es realista en tu caso. Pide tu cita de valoración y salgamos de dudas.

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